Plantas que se mueven
Del libro Enamórate de las ciencias.
ESTA NOTA HA SIDO confeccionada con informaciones muy diversas acerca de los distintos movimientos que realizan las plantas: desde aquellos que hacen sin cambiar de lugar, hasta algunos en los que –parte de las mismas plantas, como es el caso de las semillas–, viajan centenares e incluso miles de kilómetros, para fertilizar otros territorios.
Obviamente, no incluimos en estos movimientos los realizados por influencia humana con fines agrícolas, de mercadeo, exposición o conservación.
Hablaremos, eso sí, de movimientos como las taxias , los tropismos y las nastias ; del que efectúan ciertas plantas al ser tocadas; del de las plantas carnívoras para atrapar a los insectos y otros animales que integran su dieta; del que, programadas por la evolución, efectúan las semillas para fecundar territorios lejanos y, en particular, del de un alga que se esconde, tan pronto detecta que algún crustáceo se la quiere comer.

Los tres movimientos

Parece increíble pero entre las plantas se producen tres tipos distintos de movimientos, a los que los botánicos han dado los nombres de taxias , tropismos y nastias .
Las taxias son movimientos de desplazamiento que sólo realizan los organismos vegetales inferiores como las algas unicelulares que integran el plancton marino o algunos hongos del grupo de los mixomicetes : dichas algas y hongos son capaces de recorrer pequeñas distancias sobre una superficie, igual que cualquier animal microscópico.
Los tropismos son movimientos de orientación que realizan todas las plantas, sin que se produzca ningún desplazamiento, pues se trata de respuestas internas ante estímulos externos: se habla de fototropismo , por ejemplo, cuando una planta orienta su tallo hacia la luz y de geotropismo , cuando sus raíces se hunden en la tierra, orientadas por la fuerza de gravedad.
Las nastias son un tercer tipo de movimiento que realizan las plantas y que se manifiesta en una especie de curvatura que hacen al crecer, para evitar por ejemplo que dos hojas o dos ramas que crecen juntas, ocupen el mismo espacio y se maltraten entre sí.

Creatividad reproductiva

Para reproducirse, las plantas han creado diferentes formas de difundir sus semillas.
Algunas de ellas como las de la cizaña, son llevadas por el viento, gracias a que cuentan con una especie de paracaídas de pelusa blanca.
Otras plantas tienen semillas que se enganchan en los cuerpos de los animales cubiertos de pelo, donde viajan hasta desprenderse y caer; si lo hacen sobre tierra buena, dan origen a una nueva planta.
Semillas de gran tamaño, como las numerosas variedades del coco, tienen la facultad de flotar en el agua y su difusión por todo el mundo se debe a esta propiedad, pues son capaces de viajar hasta 2.000 kilómetros .
Una gran cantidad de semillas de muy escaso tamaño se adhieren al barro pegado a las patas de los animales, en especial las de los pájaros, y efectúan recorridos inimaginables.
Otro grupo de plantas genera frutos de colores vistosos y sabor exquisito cuyas semillas, al ser comidas, pasan ilesas a través del cuerpo de los animales y salen al exterior, con los excrementos, convenientemente abonadas.
Como se ve, la Naturaleza es extraordinariamente sabia y creativa cuando de difundir la vida se trata.

PLantas carnívoras

Existen en la naturaleza unas cien especies de plantas a las que se les asigna popularmente el adjetivo “carnívoras”, porque complementan su dieta con la ingestión de insectos.
Cuando se les descubrió en el siglo XIX, se generó un pánico internacional, ante el temor de que también pudieran alimentarse con carne humana.
A este miedo contribuyó en gran medida la literatura, presentando a las plantas carnívoras como seres malévolos que, en las tupidas selvas del planeta, emboscaban a los exploradores desprevenidos que acertaban a pasar por sus dominios.
Poco después se supo que tal temor era infundado pues ninguna de las plantas calificadas de “carnívoras” tiene el suficiente tamaño para comer algo más que insectos.
Las plantas carnívoras –llamadas así por Charles Darwin–, son especies vegetales que viven en tierras pobres en nitrógeno. Para obtener este elemento lo absorben de los insectos que caen en sus ingeniosas y atractivas trampas.
Habitualmente, estas trampas permanecen inmóviles, pero se ponen en movimiento tan pronto algún insecto se apoya en ellas. Consisten, por regla general, en filamentos, espinas, receptáculos, hojas de colores brillantes o sustancias dulces y pegajosas que atraen a los insectos hambrientos.
Cuando algún insecto roza la trampa o se posa encima o dentro de ella, se activa un mecanismo que lo atrapa y del que resulta casi imposible escapa.
Cuando se trata de filamentos, espinas u hojas de colores brillantes, éstos poseen una finísima red de nervios que les confieren una sensibilidad extraordinaria. Apenas el insecto se posa en ellos, el nervio central de la planta hace que las hojas se plieguen y lo aprisionen entre ellas.
Si la trampa consiste de un receptáculo en forma de campana o copa, dentro del cual hay una sustancia dulce y pegajosa, ésta actúa como atracción y aprisionador a la vez.
Poco después de que el insecto es capturado, numerosas y muy pequeñas glándulas segregan jugos digestivos que transforman las partes blandas de la presa en sustancias que la planta absorbe. Al concluir esta digestión, la planta recupera su forma original, en espera de que caiga una nueva víctima.

Camuflaje móvil

Tal como las trampas que poseen las carnívoras, algunas plantas como la sensitiva, la mimosa y la adormidera tienen la propiedad de cerrar o mover sus hojas cuando se les toca.
Normalmente, las hojas de estas plantas permanecen abiertas, pero basta un roce o un toque ligero para que todas las hojuelas que constituyen la hoja se doblen y se junten una frente a la otra.
Todas las especies que tienen esta facultad son arbustos que crecen en forma silvestre en regiones de clima tropical.
Este fenómeno se produce porque las hojas de esas plantas contienen una células especiales que se hinchan con el agua y que son las que mantienen abiertas todas las hojuelas.
Cuando se toca alguna hojuela o varias de ellas, el agua se mueve a los espacios entre las células y la hoja completa se cierra. Luego vuelve a abrirse, cuando el agua retorna al interior de las células.
Lo que no se sabe hasta ahora es qué finalidad tiene tal movimiento, aunque se presume que es para protegerse de los animales hervíboros y evitar que éstos se las coman ya que las hojas, cuando se cierran, asumen la apariencia de largas espinas.

El alga que se esconde

En los fondos marinos del mar del Norte habita un alga que tiene la curiosa facultad de ocultarse, tan pronto percibe la presencia de algún crustáceo que quiera comérsela.
El descubridor de esta extraña propiedad del alga conocida como alga flagelada fue el biólogo marino sueco Lars–Anders Hansson.
Según diversas observaciones de Hansson, las algas flageladas se esconden en el barro donde están asentadas, cuando advierten que los crustáceos que se alimentan de ellas están cerca.
Cómo perciben esa nociva presencia, fue algo que el biólogo marino sueco no pudo establecer, aunque suponía que las algas detectan ciertas sustancias químicas liberadas por los crustáceos que, igual que si se tratara de olores, indican su proximidad.